Mercaba, diócesis de Cartagena-Murcia COMO ENFRENTAR LOS PROBLEMAS COMO CRISTO

CÓMO ENFRENTAR LOS PROBLEMAS COMO CRISTO

Los problemas no producen automáticamente los resultados que Dios quiere. Muchas personas se vuelven amargadas, en vez de mejorar, y nunca crecen. Tú tienes que responder de la manera en que Jesús lo hubiera hecho.

Recuerda que el plan de Dios es bueno. Dios sabe lo que es mejor para ti y en su corazón tiene presente tus mejores intereses. Dios le dijo a Jeremías: "Los planes que tengo para ti son planes para prosperarte y no para dañarte, planes para darte esperanza y un futuro" Jeremías 29:11. José entendió esta verdad cuando les dijo a sus hermanos que lo habían vendido como esclavo: "Ustedes pensaron dañarme, pero Dios lo pensó para bien" Génesis 50:20. Ezequías se hizo eco del mismo sentimiento al referirse a su enfermedad

mortal: "Fue por mi propio bien que yo pasé ese tiempo tan difícil" Isaías 38:17. Siempre que Dios te diga no a tu pedido de alivio,

recuerda: "Dios está haciendo lo mejor para nosotros, entrenándonos para vivir para Él de la mejor y más sana manera" Hebreos 12:10.

Es vital que te concentres en el plan de Dios, no en tu dolor o en tu problema. Así es como Jesús soportó el dolor de la cruz, y así se nos insta a seguir su ejemplo: "Mantengamos fijos los ojos en Jesús que, sin importarle lo oprobioso de tal muerte, estuvo dispuesto a morir en la cruz porque sabía el gozo que tendría después" Hebreos 12:2. Corrie ten Boom, que estuvo recluida y sufriendo en un campo de concentración nazi, explicó el poder del pensamiento concentrado: "Si miras al mundo, te afligirás. Si miras tu interior, te deprimirás. Pero si miras a Cristo, ¡reposarás!". Tu enfoque determina tus sentimientos. El secreto de la paciencia es recordar que tu dolor es temporal, pero tu recompensa eterna. Moisés soportó una vida de problemas "porque tenía la mirada puesta en la recompensa" Hebreos 11:26. Pablo resistió las penalidades de la misma manera. Él dijo: "Nuestros problemas presentes son bastante pequeños y no durarán mucho tiempo. ¡Sin embargo producen para nosotros una gloria inmensamente grande que durará para siempre!" 2 Corintios 4:17.

No cedas ante el pensamiento a corto plazo. Mantén tu mirada enfocada en el resultado final: "Si hemos de compartir su gloria, también debemos compartir su sufrimiento. Lo que sufrimos ahora no es nada comparado con la gloria que Él nos dará después" Romanos 8:17-18.

Regocíjate y da gracias. La Biblia nos dice: "den gracias a Dios en toda situación, porque esta es la voluntad para ustedes en Cristo Jesús" 1 Tesalonicenses 5:18. ¿Cómo es posible eso? Considera que Dios nos dice que demos gracias "en todas las circunstancias", no "por todas las circunstancias". Dios no espera que le agradezcas por el mal, el pecado, el sufrimiento o por sus consecuencias dolorosas en el mundo. En cambio, quiere que le agradezcas porque usará tus problemas para cumplir sus propósitos.

La Biblia dice: "Alégrense siempre en el Señor" Filipenses 4:4. No

dice: "Alégrense por su dolor". Eso es masoquismo. Te regocijas "en el Señor". No importa qué problemas estés pasando, puedes regocijarte en el amor de Dios, su cuidado, su sabiduría, su poder y fidelidad. Jesús dijo: "Alégrense, salten de alegría, porque en el cielo obtendrán una gran recompensa" Lucas 6:23.

También podemos alegrarnos al saber que Dios está con nosotros en medio del dolor. No servimos a un Dios distante y aislado que nos dispara frases alentadoras desde un flanco seguro. Todo lo contrario, Él entra en nuestro sufrimiento. Jesús lo hizo en la Encarnación, y su Espíritu lo hace ahora en nosotros. Dios nunca nos dejará solos.

Niégate a darte por vencido. Sé paciente y persistente. La Biblia

dice: "Dejen que el proceso continúe hasta que su paciencia se desarrolle totalmente, y encontrarán que se han vuelto como un hombre de carácter maduro... sin debilidades" Santiago 1:3-4.

La formación del carácter es un proceso lento. Siempre que tratemos de evitar o eludir las dificultades de la vida, hacemos cortocircuito en el proceso, retardamos nuestro crecimiento y realmente terminamos sufriendo una clase de dolor que es peor: el tipo de dolor sin sentido que acompaña la negación y la evasión.

Cuando asumes las consecuencias eternas del desarrollo de tu carácter, no pronuncias tantas oraciones del tipo "Consuélame" ("Ayúdame a sentirme bien"), sino que tus oraciones serán más bien "Adáptame" ("Usa esto para hacerme más como tú").

Sabrás que estás en proceso de maduración cuando empieces a ver la mano de Dios en las circunstancias más variadas, confusas y aparentemente vanas de la vida.

Si estás enfrentando un problema ahora mismo, no preguntes "¿Por qué a mí?" Pregunta en cambio: "¿Qué quieres que aprenda?" Después confía en Dios y sigue haciendo lo que es correcto. "Ustedes necesitan mantenerse firmes, permaneciendo en el plan de Dios para poder estar allí cuando tenga lugar la plenitud prometida" Hebreos 10:36.

No te des por vencido... ¡Madura!