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Domingo después de Epifanía El Bautismo del Señor (Año C)
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Los Sacramentos de la iniciación cristiana
El Señor quiso pasar por ese rito penitencial que era el bautismo de Juan. No tenía ninguna necesidad, porque a través de él Juan el Bautista invitaba a los pecadores a la conversión, y Cristo no era pecador. Pero sí había venido a hacer penitencia por todos nosotros, y a enseñarnos lo que debíamos hacer. Esta escena de la vida de Jesús, con la que comienza su vida pública nos hacer pensar en primer lugar en el BAUTISMO CRISTIANO. A través de este Sacramento somos purificados por la Gracia de Dios sin la cual nacemos. Esta Gracia de Dios supone para nosotros el nacimiento espiritual. Por eso dijo Jesús a Nicodemo que tenía que volver a nacer. Como Nicodemo, magistrado judío, no entendía a qué se refería, le dijo el Señor: El que no nazca del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu. +El Bautismo nos hace hijos de Dios, por eso desde ese momento podemos llamar a Dios Padre. La filiación divina es la mayor categoría que tenemos, el mejor de los títulos, y la mejor condición. Soy hijo de Dios, sin merecerlo, por su propia Gracia. Y esto nos debe llenar de santo orgullo, y de responsabilidad. Es el don más grande que nos concede el Espíritu Santo, y que viviendo de verdad esta condición de hijos de Dios, la religión se ve de otra manera. No es un sometimiento a unas normas morales, es una relación amorosa con nuestro Padre Dios que quiere para nosotros lo mejor, y que siempre nos espera para abrazarnos, como el padre del hijo pródigo. Mi Padre Dios es Misericordioso, y me trata con amor.
+El Bautismo de Jesús nos habla de penitencia. Y esto nos invita a pensar en el Sacramento de la penitencia, segunda tabla de salvación después del bautismo. El Señor no era pecador, pero nosotros sí. Nuestra tibieza, nuestra falta de humildad, o el descuido en la formación doctrinal, nos hace pensar que no tenemos pecados. Pero eso equivaldría decir que Jesucristo murió, y se ofrece cada día en la Eucaristía, inútilmente. El Magisterio de la Iglesia nos viene advirtiendo del alarmante abandono del Sacramento de la penitencia. Eso equivale también a la devaluación de la Gracia de Dios. El Señor dijo: A quien vosotros les perdonéis los pecados yo se los perdono, y a los que no le perdonéis yo tampoco se los perdono…Los que vosotros desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo…Este es el poder espiritual del ministerio sacerdotal.
+El Bautismo nos habla del Espíritu Santo. Vino sobre Jesús en forma de paloma. A nosotros viene al recibir la Confirmación. Este Sacramento también está devaluado. Muchos jóvenes lo reciben sin saber lo que supone para ellos. Lo convierten en una fiesta. Piensan que es el colofón de unos años de catequesis, sin pensar en el compromiso que se adquiere al recibirlo. Muchos mayores no están confirmados, no han recibido la plenitud del Espíritu Santo. Y no se puede tener a Cristo sin el Espíritu Santo. Hay que hacer lo posible por estar Confirmado, y obrar en consecuencia.
+El Bautismo nos incorpora a la Iglesia. Somos hijos de la Iglesia, miembros de esta gran familia. Debemos sentirnos Iglesia, y sentir con la Iglesia. Hay que amar a la Iglesia. Hoy muchos la critican y la atacan. Los católicos debemos defenderla, y dejarla en buen lugar con nuestra conducta. Que hagamos posible que otros muchos descubran la verdadera grandeza de la Iglesia, que no está en las cosas externas, sino en contar con la presencia de Cristo en la Eucaristía, en la Palabra, y en los demás Sacramentos. Debemos hacer de nuestra Iglesia una comunidad vida y de caridad, como debe ser toda familia.
+Por el Bautismo todos estamos llamados a la santidad y al apostolado. La santidad no está reservada para unos pocos. Es una vocación para todos. Disponemos de los medios, y hay que utilizarlos. Esta vocación va unida al apostolado que debemos hacer con los demás, especialmente con los alejados, para ofrecer a todos la oportunidad de recuperar la fe perdida, o de encontrar a Dios por primera vez.
Que esta fiesta del Bautismo del Señor, ya al final de la Navidad, nos anime a reanimar nuestra fe bautismal, y con ella nuestros compromisos de cristianos auténticos.
Juan García Inza
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Nuestra Parroquia de Sto. Tomás de Aquino de Murcia (España), ya ha sido erigida en SANTUARIO DE LA DIVINA MISERICORDIA. El primero de España. Puedes encomendarnos tus intenciones a la dirección de correo indicada. Las tendremos presente ante el Cristo de la Divina Misericordia que preside el templo. |