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LA FOTO DEL DOMINGO |
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Domingo 15 del tiempo Ordinario Ciclo C
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Anda, haz tú lo mismo
Éste es uno
de los pasajes más conocidos de
En el Evangelio de Lucas, en su capítulo 10.25-37, se nos presenta a un religioso que está conversando con Jesús. Sin embargo, en su corazón recela, aunque reconoce en Él su autoridad, pues intenta probarle.
"Y he aquí
un intérprete de
Ya hemos
dicho que el interlocutor es un hombre de religión, alguien que conoce las
Escrituras y que intenta ser buena persona, cumplidor de
"Pero él, queriendo justificarse a sí mismo, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo?" Con esta pregunta, el hombre está cuestionando si hay que amar a todos los hombres, ya que pregunta ¿quién es mi prójimo? La tradición judía expresa que el prójimo es alguien de su propio pueblo o un extranjero que se convierte al judaísmo y convive con ellos, formando parte de Israel (Levítico 19.18, 33-34). Un pagano, un extranjero de otra religión, no es considerado, por este hombre, como su prójimo y, por tanto, según él, no tiene obligación legal de amarle como a sí mismo. Sin embargo, se hace de nuevas, esperando que Jesús entre de lleno en la cuestión, haciendo la pregunta: y ¿quién es mi prójimo? "Respondiendo Jesús, dijo: Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; e hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto." Hay que resaltar que Jesús no dice de qué nacionalidad es el hombre. Es de suponer que fuese judío, puesto que iba de Jerusalén a Jericó, pero el Señor, premeditadamente, no lo especifica, dejando la puerta abierta a toda la humanidad. ¿Quiénes eran los ladrones que despojan a esta persona? Aquellos que no buscan el bien de los demás, sino su propio interés, aunque sea destruyendo la integridad física o moral de otro. "Aconteció que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, pasó de largo. Asimismo un levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, pasó de largo."
Cristo hace
referencia a los "maestros" e intérpretes de
"Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia"
Ahora nos
presenta un nuevo personaje. Especifica su nacionalidad, ya que los
samaritanos eran considerados por los judíos como extranjeros, paganos,
despreciables. Recuerda el pasaje donde Cristo le pide agua a una
samaritana, como ella le responde: "¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí
de beber, que soy mujer samaritana? Porque judíos y samaritanos no se
tratan entre sí" (Juan 4.9). Por supuesto, un judío no iba a valorar la
persona de un samaritano, considerado gente de baja categoría social y
religiosa. Sin embargo, el Señor nos presenta, precisamente, este
personaje como un hombre normal, que no descendía de Jerusalén a Jericó,
como el sacerdote litúrgico, es decir, alejándose de la ciudad de Dios
(Jerusalén) hacia el mundo (Jericó), sino que iba de camino, posiblemente
en dirección contraria, del mundo a Dios, hacia
Este hombre
de Dios se acerca al herido y siente
"y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él." Lo primero que hace es entrar en contacto con él, curar sus heridas con aceite y vino, es decir, el mensaje de Salvación del Mesías, como su sangre nos lava de nuestros pecados y nos devuelve la vida, ungiéndonos con su aceite, que es el Espíritu Santo. Una vez que realiza esta primera cura, le pone en su cabalgadura, ya que aún este hombre está débil y no es capaz de andar por si mismo: "Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo" (Gálatas 6.2); lo lleva al mesón, que es la presencia de Dios, pues sabemos que Él es nuestro descanso, y allí cuida de él, dándole el alimento necesario para reponer sus fuerzas en el Señor. "Otro día al partir, sacó dos denarios, y los dio al mesonero, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese." Si el mesón es la presencia de Dios, es obvio quien es el mesonero. Llama la atención que el samaritano pague al Señor por las bendiciones de sus cuidados. Evidentemente no se trata de un pago material, mucho menos económico. Tanto los dos denarios como los gastos a pagar a su vuelta, representan la promesa, por parte del samaritano a Dios, de que va a ofrecerse en garantía, haciendo sacrificios agradables a Él, amando a ese hombre como a si mismo, dando su vida espiritual por su ahora hermano en Cristo, orando por él en la confianza de que Dios derramará su Sabiduría y Amor en este nuevo hijo de Dios. También hemos de darnos cuenta, que este nuevo “Sacerdote” comprende que no puede interferir en la relación entre Dios (Mesonero) y su hijo (huésped), y que él ya ha cumplido su misión y lo deja en manos del Señor, que a través de su Espíritu Santo, que ya mora en él, fortalecerá su alma para que pueda afrontar el camino (Cristo) en su libertad: "Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí." (Juan 14.6). "¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones?"
Date cuenta
que, al principio de la parábola, el intérprete de
Veamos ahora la respuesta del religioso: "Él dijo: El que usó de misericordia con él. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo." Todo hombre de Dios, que ha nacido de nuevo en Él, se convierte en Sacerdote del Dios Altísimo y tiene la obligación de predicar su Palabra, Ofrecer sacrificios agradables a Dios: "En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos." (1ª de Juan 3.16), ya que esto, y no otra cosa, es amar al prójimo como a nosotros mismos.
Juan García Inza
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