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LA FOTO DEL DOMINGO |
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Domingo XII del Tiempo Ordinario Natividad de San Juan Bautista (Ciclo C)
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Juan es su nombre (Lc 1,57-66.80)
Este domingo la Iglesia celebra la solemnidad de la Natividad de San Juan Bautista. Es tan importante la figura del precursor, que desplaza a la misma celebración del domingo. Los profetas del Antiguo Testamento ya habían anunciado el nacimiento de este hombre singular que tendría como misión preparar los caminos del Señor. Jesús dice de Juan: “Este es de quien está escrito: ‘He aquí que yo envío mi mensajero delante de ti, que preparará por delante tu camino’” (Lc 7,27; cf. Ml 3,1). La persona y la misión de Juan está íntimamente unida a la de Jesús. Los Hechos de los Apóstoles nos dice: “Vosotros sabéis lo sucedido en toda Judea, comenzando por Galilea, después que Juan predicó el bautismo, cómo Dios a Jesús de Nazaret lo ungió con el Espíritu Santo y con poder” (Hech 10,37-38).
¿Por qué celebramos el nacimiento de Juan el Bautista y no su muerte. Como ocurre con el resto de los santos? Porque para los santos su muerte es su verdadero nacimiento a la santidad, a la vida eterna junta a Dios, pero Juan el Bautista ya nació santo, lleno del espíritu santo. Así lo dice el ángel en el Evangelio de San Lucas: “Estará lleno del Espíritu Santo ya desde el seno de su madre” (Lc 1,15). Esto sólo ocurre con el mismo Jesús y la Virgen María. Por eso se celebra solemnemente el nacimiento de los tres.
Dice el Evangelio que hemos leído: “Se le cumplió a Isabel el tiempo de dar a luz y tuvo un hijo. Oyeron sus vecinos y parientes que el Señor le había hecho gran misericordia, y se congratulaban con ella”. De estas palabras deducimos el significado del nombre Juan: Dios es Misericordioso. Con San Juan Bautista comienza esa nueva etapa en la vida del Pueblo de Dios en la que la misericordia divina se manifiesta de un modo singular. Es la etapa de la Redención, del Amor extremo de Dios al mundo, por el que entrega a su Hijo. Por eso Juan el Bautista es la Voz que clama en el desierto: “Preparad un camino al Señor”, es decir, dar paso a la misericordia divina. Dejar a Dios ser Dios. Abrirse al perdón y a la reconciliación. Por esto mismo él habla de conversión, de arrepentimiento, de buscar la paz con Dios y con los hermanos. Gabriel, por inspiración divina, dijo. “Juan es su nombre”, Dios tuvo misericordia. La Virgen María cantó delante de Isabel, que llevaba a Juan en sus entrañas, ese himno tan bíblico del Magníficat: “En grandece mi alma al Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador. Porque se ha fijado en la humildad de su esclava…” Es un canto al amor de Dios y a su divina Misericordia. Isabel alaba a Dios que ha tenido el detalle visitarle con la presencia de María.
Jesucristo comenzará su vida pública al ser bautizado por Juan el Bautista. Y el precursor dirá. “Es a El a quien debéis seguir”…”El es el Codero de Dios, el que quita los pecados del mundo…”. Testimonio de fe, de amor, de humildad. Así es Juan: cumplidor fiel de la misión que Dios le encomendó. Esta misión de defender la Verdad, le costó la vida. Es el primer mártir del cristianismo. Por eso la Iglesia lo tiene muy presente en su misión evangelizadora, como guía y ejemplo de apóstol de la fe en Cristo Nos alegramos hoy con la Iglesia al celebrar el nacimiento del hombre más grande nacido de mujer, y le pedimos que nos ayude a ser defensores valientes de la Verdad, sin miedo a las consecuencias.
Juan García Inza juangainza@ono.com
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