|
LA FOTO DEL DOMINGO |
|
|
Domingo 7º del Tiempo Ordinario (Año C)
|
|
Perdonar al enemigo
El mensaje evangélico es revolucionario, en el mejor sentido de la palabra. Trastoca radicalmente nuestro común modo de pensar. Todavía nos regimos por la antigua ley del Talión, que se mantuvo en el Antiguo Testamento, y hoy profesan seguidores de varias religiones importantes. Parecía que esta ley era justa, pues era devolver al otro justamente el mismo trato que de él habíamos recibido. Pero Jesucristo aporta una novedad importante, la del perdón, como respuesta al mandamiento nuevo del amor. El domingo anterior escuchábamos una vez más las Bienaventuranzas, que son un enfoque novedoso y original de los auténticos valores del espíritu. Esa visión del hombre que nos ofrece Jesucristo choca con nuestra mentalidad materialista, con la que valoramos la vida desde una perspectiva egoísta. Mi yo está por encima de todo y, por tanto, es bueno lo que favorece mi ambición. Pero esta no es la medida de Dios. En la última Bienaventuranza que nos ofrecía San Lucas, leímos: Dichosos vosotros, cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten, y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, porque vuestra recompensa será grande en el cielo. En el Evangelio de este domingo dice el señor: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os injurian. Al que te pegue en una mejilla, preséntale la otra. Pues si amáis solo a los que os aman, ¿qué merito tenéis? Esto nos puede parecer irrealizable. Más bien habría que decir que sólo es posible con la gracia de Dios. Los santos, y los hombres y mujeres de fe auténtica, lo han vivido así. Recordamos a Juan Pablo II cuando fue a visitar en la cárcel al que había atentado contra su vida, y allí lo perdonó. Los mártires han muerto perdonando. Y los que han sufrido la muerte injusta de un ser querido, y lo han afrontado desde esta perspectiva evangélica, sin perder el dolor del mal padecido, han perdonado. Un caso heroico es el de la madre de un joven seminarista, de la Diócesis de Cartagena, que murió mártir en la guerra civil española, y cuyo proceso de canonización se ha iniciado. Terminada la contienda, y juzgado el asesino, iba ella cada día a la cárcel a llevarle de comer porque la familia de él era pobre. Y más aún: lo que podía haber gastado en los estudios de su hijo, lo gastó en el hijo de este pobre hombre, que no se explicaba como esta mujer era así. Y era así porque vivió el Evangelio radicalmente. Sed misericordiosos como el Padre lo es. Tenemos que profundizar en la grandeza de la Divina Misericordia. Dios me ama a mí. Es misericordioso con migo, que soy pecador. Me perdona, si pido perdón. Jesucristo desde la Cruz dijo: Padre, perdónalos, que no saben lo que se hacen. Hoy, ante tantos ataques a Dios, a la Iglesia, a los valores cristianos, a las instituciones naturales y sagradas como la familia, la educación, la patria común, etc., podemos sentir la tentación, muy humana, de reaccionar violentamente. Pero nuestra actitud no ha de ser solo natural, sino sobrenatural. Hay que defender el bien y todos nuestros principios, pero sin odios ni venganzas: con amor sobrenatural, con caridad. Perdonad y seréis perdonados. En un breve escrito en la prensa, nos daba un colaborador la receta para vivir cien años. Es la siguiente: Lo primero ocho abrazos al día. Luego, limpieza de miedos, enfados y pesimismos. La vida no merece que uno se aflija tanto. Es más sensato dejar que unas preocupaciones devoren a las otras; que es al final, lo que acaba sucediendo siempre. Lo segundo dejar a un lado envidias y rencores. Si se añaden unos gramos de alegría y una pizca de buen humor –cuando se deja de reír se envejece- estará listo el guiso. Se debe condimentar con mucha vida interior. Un sazonador sin el cual nada se digiere (Receta de Bernabé Tierno en su libro Optimismo vital)…Nada de cuanto sucede es malo para el hombre bueno, por más tenaces en su maldad que sean los hijos de las tinieblas…Nos falta habilidad para sacar lo bueno de lo malo. Hay que empeñarse en mostrar el bien (Jesús Fonseca). Un ejemplo de ello nos lo da David perdonando la vida a Saúl, como nos cuenta la primera Lectura. Y un consejo nos lo da San Pablo: Hay que ahogar el mal con la abundancia de bien. Este es el programa cristiano. Difícil, pero grandioso. Nos cuesta, pero hay que pedirle al Señor la ayuda necesaria. Queremos vivir, no cien años, sino eternamente.
Juan García Inza
|
|
|
Nuestra Parroquia de Sto. Tomás de Aquino de Murcia (España), ya ha sido erigida en SANTUARIO DE LA DIVINA MISERICORDIA. El primero de España. Puedes encomendarnos tus intenciones a la dirección de correo indicada. Las tendremos presente ante el Cristo de la Divina Misericordia que preside el templo. |