LA FOTO DEL DOMINGO

 

Domingo 5º del Tiempo Ordinario

(Año C)

 

 

 

Mar adentro


         En Evangelio de este domingo el Señor nos urge a guiar la barca de nuestra vida cristiana mar adentro. Es decir, que no nos quedemos nunca pasivamente en la orilla lamentando la falta de pesca, la infecundidad de nuestro apostolado. Nada se gana con el lamento. A las almas, como a los peces, hay que ganarlos para Dios con las redes de nuestra constancia, nuestro afán apostólico, nuestra fe y nuestra caridad.

            Juan Pablo II le hablaba así a los jóvenes que se preparaban para la celebración de la XVI Jornada Mundial de la Juventud que se había de celebrar en Roma en el año 2001:

Amadísimos jóvenes de Roma, "centinelas de la mañana en esta alba del tercer milenio": 

 Remar mar adentro ¿para ir a dónde? La respuesta es clara: para ir al encuentro del hombre, misterio insondable; y para ir a todos los hombres, océano ilimitado. Esto es posible en una Iglesia misionera, capaz de hablar a la gente y, sobre todo, capaz de llegar al corazón del hombre porque allí, en ese lugar íntimo y sagrado, se realiza el encuentro salvífico con Cristo…

Pero esta misión no es fácil; anunciar y testimoniar el Evangelio implica muchas dificultades. Sí, es verdad: vivimos en un tiempo en el que la sociedad siente el fuerte influjo de modelos de vida que ponen en primer lugar, de manera egoísta, el poseer, el placer y las apariencias. El impulso misionero de los creyentes debe confrontarse con este modo de pensar y actuar. Pero no debemos tener miedo, porque Cristo puede cambiar el corazón del hombre y es capaz de realizar una "pesca milagrosa" cuando menos lo imaginamos…
 Quisiera dirigir aquí un apremiante llamamiento a todas las instituciones educativas, a fin de que se pongan sin ambigüedad al servicio de las nuevas generaciones para ayudarles a crecer de modo sereno y conforme a su dignidad. Me dirijo, ante todo, a las familias cristianas, a fin de que sean auténticas comunidades, "laboratorios" donde se eduque en la fe y en la fidelidad al amor; familias creyentes, dispuestas a ayudar a las que atraviesan dificultades, para que todo hijo que nazca pueda experimentar la tierna paternidad de Dios.

  Para eso es preciso una auténtica revolución cultural y espiritual, que lleve el Evangelio a los ámbitos de la vida. Queridos jóvenes, convertíos en promotores de esta revolución pacífica, capaz de testimoniar el amor de Cristo a todos, comenzando por los más necesitados y los que sufren. Podéis hacer mucho si permanecéis unidos, rechazando a quienes os presenten metas fáciles, que rebajan el nivel y la calidad de la vida moral. Os habla un Papa que ya tiene ochenta años, pero que conserva un corazón joven, porque siempre ha querido caminar y desea seguir caminando con vosotros, jóvenes, que sois la esperanza de la Iglesia y de la sociedad.

  A vosotros, queridos muchachos y muchachas, os repito: estad atentos a lo que se os propone. Cuando os presenten palabras y estilos de vida antievangélicos, tened la fuerza de decir no.

   "Remar mar adentro" significa rechazar todo lo negativo que se os ofrece, y poner vuestra creatividad y vuestro entusiasmo al servicio de Cristo…

  Que en la base de todo esté la relación diaria y sincera con el divino Maestro, es decir, la oración, la escucha de la palabra de Dios y la meditación, la celebración eucarística, la adoración de la Eucaristía y el sacramento de la confesión… Volver a las fuentes de la fe y a la oración no significa refugiarse en un vago sentimentalismo religioso, sino más bien contemplar el rostro de Cristo, condición indispensable para poder reflejarlo después en la vida.

6. Así pues, os propongo una vez más el arduo pero exaltante ideal evangélico. Amadísimos jóvenes, no tengáis miedo y no os sintáis solos. Junto a vosotros están vuestras familias, vuestros educadores y vuestros sacerdotes. También el Papa está cerca de vosotros. Y, sobre todo, está cerca de vosotros Jesús, el primero en obedecer a la voluntad del Padre y permitir que lo clavaran en la cruz para redimir al mundo. Como recordé en el Mensaje para la Jornada mundial de la juventud, que celebraremos el próximo domingo, el camino de la cruz es la senda que él nos propone…


Os acompaña a cada uno María, la joven Virgen de Nazaret, que dijo "sí" a Dios y dio a Cristo a la humanidad…”

         Todo esto que le decía el Papa Juan Pablo II a los jóvenes vale para todos. No podemos cruzarnos de brazos y caer en la rutina de una vida cristiana sin ilusión, sin proyectos, sin metas generosas. Cuando las redes se echan en el nombre del Señor, la pesca es abundante. En estos momentos duros de la historia nuestra respuesta cristiana ha de ser la de guiar mar adentro y pescar almas para Dios.

 

                                                        Juan García Inza

                                                     juangainza@ono.com

  

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