LA FOTO DEL DOMINGO

 

Domingo 2º del Tiempo Ordinario

(Año C)

 

 


 

Haced lo que El os diga

 

         Seguimos con los evangelios de la manifestación del Señor. Comenzamos en la Epifanía, cuando Jesús Niño se manifiesta a los Magos. Seguimos con el Bautismo del Señor en el Jordán, en donde el Padre Dios manifiesta que El es su hijo predilecto, y que había que escucharlo. En este domingo Jesús hace su primer milagro públicamente, manifestando así su poder sobre los elementos de la naturaleza, y su deseo de hacer el bien, aún en asuntos de no mucha importancia.

         Unos novios tuvieron la atención de invitar a Jesús y a María a sus bodas. Se puede decir que es la primera boda cristiana, haciendo excepción de la boda de José y María. En Caná de Galilea está presente Jesús en la celebración festiva de un enlace matrimonial. Buen ejemplo a seguir por las parejas que se casan por la Iglesia, y también por todos los matrimonios que han de reanudar cada día su compromiso. Si se quiere en serio mantener vivo el amor, hay que invitar al Señor a que conviva con los esposos en el mismo hogar. Entonces aquella comunidad de vida y amor será realmente cristiana. El fracaso de muchos matrimonios tiene su inicio cuando dejan a Cristo en la puerta de la calle. Es decir, cuando no cuenta con Dios. Es como arrancarse y tirar por la ventana aquella bendición que un día recibieron al pié del altar, cuando se entregaron mutuamente y se prometieron fidelidad mutua. Cuando la fe se debilita, y no se vive la vocación cristiana, se pierden todas las defensas, y se cae en un puro humanismo sin Dios y, por tanto, al margen de cualquier valor y principio moral. Como diría San Pablo solo el amor lo puede todo. Cuando un hombre y una mujer se quieren de verdad, y cuidan ese amor diariamente, no hay problema ni dificultad que derrumbe el edificio del matrimonio.

         En las bodas del Evangelio ocurrió un pequeño problema. Se acabó el vino para seguir ofreciendo a los invitados. No tiene demasiada importancia, pero es un signo de lo que suele ocurrir en los matrimonios. Muchos problemas que surgen no tienen demasiada importancia, pero hay que solucionarlos lo antes posible sin dramatismos. La Virgen María se dio cuenta, y no quería que los novios quedasen en ridículo, que no tuvieran un disgusto por ese accidente imprevisto. Ella se lo dice a su Hijo Jesús. El mirándola tiernamente le dice: Mujer, todavía no ha llegado mi hora. Es decir, no es problema importante para hacer un milagro. Pero ella les dice a los sirvientes: Haced lo que El os diga. María le pide al Señor que adelante su hora para bien de aquella pareja que ha tenido el gusto de invitarles a sus bodas. Si queremos resolver los problemas que surjan en cualquier momento de la vida hay que seguir el consejo de María: Haced lo que El os diga. Es siempre lo más prudente y lógico. Dios sabe más.

         Los sirvientes hicieron lo que les dijo Jesús, y gracias a su obediencia el Señor hizo el milagro de la conversión del agua en vino. Se acabó el problema. El agua, elemento sencillo y corriente de la naturaleza, se convirtió en vino, adquiriendo un valor superior. Nuestras cosas más sencillas, nuestros problemas más corrientes, aumentarán de valor, se solucionarán si tenemos fe y somos obedientes a lo que el Señor nos indique, aunque nos parezca lo más extraño.

         El Señor quiere nuestra alegría. Dios no es un aguafiestas. El quiere nuestra felicidad, y hará lo que haga falta para que la tengamos. Pero debemos tenerlo a nuestro lado, y confiar nuestras inquietudes a María. Nunca dar por definitivo un aparente fracaso. Pueden surgir muchos problemas, pero todo tiene arreglo si hay voluntad de superación, y nos dejamos ayudar por la Gracia de Dios. Alguien tiene que ceder, o todos tienen que ceder, si lo que está en juego es la unidad en el amor. Confiar más en la ayuda de Dios. Porque se hace poca oración nos falta muchas veces la luz que nos haga ver el camino a tomar. Cuando parece que se agotan las ánforas del amor hay que cambiar lo que haga falta. Hace falta una continua conversión de la rutina en un amor de estreno. Y la fuerza nos viene del Espíritu Santo que, como nos dice San Pablo en la segunda lectura, nos da a cada uno unos dones para servirnos mutuamente.

         Es hoy un buen día, como lo fue la fiesta de la Sagrada Familia, para renovar los compromisos matrimoniales, y pedirle al Señor por la salud de los matrimonios, por la constante restauración de ese patrimonio de la humanidad que es  la familia, de la cual depende la salud de la sociedad y de la Iglesia.

 

                                                        Juan García Inza

                                                     juangainza@ono.com

  

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