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LA FOTO DEL DOMINGO |
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Domingo 33º del Tiempo Ordinario (Ciclo B)
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Mis palabras no pasarán
Este domingo, ya al final del Año Litúrgico, y a las puertas del Adviento, la Palabra de Dios nos habla de algo que no nos gusta pensar: del fin del mundo. ¿Realmente este mundo tiene los días contados? El libro del profeta Daniel nos dice en la primera Lectura: Por aquel tiempo se levantará Miguel, el arcángel que se ocupa de tu pueblo: serán tiempo difíciles, como no los ha habido desde que hubo naciones hasta ahora. Entonces se salvará tu pueblo: todos los inscritos en el libro. Muchos de los que duermen en el polvo despertarán: unos para vida eterna, otros para ignominia eterna. Los sabios brillarán como el fulgor del firmamento…No sabemos cuando será ese día. Pero sí sabemos cuando será nuestro día: cuando llege la muerte. En ese momento para cada uno se acabó este mundo. Pero no debemos aguardar ese día con temor. Lo importante es que estemos inscritos en el libro. ¿Quiénes son los que estarán inscritos en el libro? Los sabios. ¿Y quienes son los sabios? Los que están en posesión de la Verdad, y viven de acuerdo con esa Verdad. Y la Verdad es Cristo. Aquellos que acojan la Palabra de Dios, y traten de hacerla vida, son los que realmente brillarán como el fulgor del firmamento (1ª Lectura). Ya lo dijo el Señor cuando elogiaron a su Madre públicamente: Más bien bienaventurados los que escuchen la Palabra de Dios y la ponen en práctica. Es decir, María fue bienaventurada porque supo acoger la Palabra de Dios, el deseo de Dios, y llevarlo a su vida. Desde ese momento el Verbo de Dios se encarnó en ella. Por eso le dirá su prima Isabel: Bienaventurada tú porque has creído. Esta es la verdadera garantía para acoger con paz el final de nuestra vida, y el final del mundo cuando llegue. Nos cuesta creer lo que no hemos visto, como le ocurrió a Tomás. Pero no olvidemos lo que Jesús le dijo al Apóstol: Bienaventurados los que crean sin haber visto. Es decir, felices los que se fíen de la Palabra de Dios. Y el Señor nos dice en el Evangelio: El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán. Por eso debemos siempre estar atentos a lo que hoy nos diga el Señor. Sus palabras son permanentes, se cumplen cada día. La Biblia no es un libro de historietas, es un libro de fe. Nos transmite la Verdad de Dios, valiéndose de muchos medios y estilos literarios. Por eso debemos tener una gran estima a la Sagrada Escritura, y leerla con el deseo de encontrar la Verdad de Dios. Nos cuenta una historia que un joven había terminado brillantemente su carrera. Su padre le había prometido que si todo lo terminaba bien le compraría el coche que tanto él deseaba. Al darle la noticia de las excelentes notas a su padre esperaba de inmediato que le diera un cheque por el valor del coche para ir a comprarlo. Pasado unos días el padre le entregó una Biblia. El hijo, decepcionado, la despreció y se marchó de casa. Nunca más volvió a ver a su padre por el disgusto. El día de su muerte ni fue al entierro. Pasados los años, volvió a su casa paterna, y buscando entre las cosas de su padre encontró aquella Biblia que había despreciado. La abrió por una señal que había colocada, precisamente por el pasaje que hablaba de humildad y amor. Y todo sorprendido y avergonzado, vio como caía al suelo la llave de aquel coche que él quería, y que su padre se lo regalaba junto con la Palabra de Dios. No debemos minusvalorar la Sagrada Escritura. En ella está la sabiduría, que nos colocará en el Libro de la Vida, porque nos ayudará a encontrar y seguir el camino de la Verdad. Y la Verdad nos hará libres, dice el Señor. La vida cristiana se alimenta de la promesa de Cristo que nos dijo: Me voy a prepararos sitio, pues quiero que donde yo esté, estéis también vosotros. Por eso le hemos dicho con el Salmo: Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.
Juan García Inza
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Nuestra Parroquia de Sto. Tomás de Aquino de Murcia (España), ya ha sido erigida en SANTUARIO DE LA DIVINA MISERICORDIA. El primero de España. Puedes encomendarnos tus intenciones a la dirección de correo indicada. Las tendremos presente ante el Cristo de la Divina Misericordia que preside el templo. |