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LA FOTO DEL DOMINGO |
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Domingo 32º del Tiempo Ordinario (Ciclo B)
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La riqueza de la pobre viuda
Nos habla hoy el Evangelio de la virtud de la generosidad, necesaria para vivir la caridad y dar gloria a Dios. Esta virtud tiene mucho que ver con el desprendimiento, la bondad, la magnanimidad, la nobleza, la misericordia, la humanidad… La persona generosa es caritativa, sacrificada, solidaria, pródiga... El mayor acto de generosidad es dar la vida, como Jesucristo, y con El tantos hombres y mujeres, para bien de los demás. La historia está llena de actos heroicos, y otros muchos sencillos, de generosidad que han hecho posible que se consigan multitud de objetivos en favor de los más necesitados, espiritual o materialmente. La Iglesia ha sido la institución pionera en poner en marcha iniciativas importantes en servicio de la sociedad, como las Universidades, los hospitales, los centros de acogida a pobres y desamparados, a niños abandonados o faltos de atención por diversas circunstancias, a mujeres con dificultades en su vida… La cultura, durante siglos, ha llegado al pueblo a través de los Monasterios, los centros parroquiales, las escuelas, la predicación, las publicaciones, etc. En el pueblo de Dios siempre ha habido gente generosa, gracias a los cuales se han podido hacer tantas obras de caridad, y construir lugares de culto para la Gloria de Dios y bien de las almas. Ya en el Antiguo Testamento se destacan esas personas desprendidas y solidarias que comparten lo que tienen, poco o mucho, con los más necesitados. En la primera Lectura se nos ofrece el testimonio de la viuda de Sarepta que ofreció a Elías lo único que tenía para comer ella y su hijo, y Dios recompensó su desprendimiento. En el Evangelio hemos recordado el extraordinario ejemplo de la viuda que echó en el cepillo de templo todo lo que tenía para vivir. Y El Señor la destaca por encima de los que echan de lo que les sobra. Las personas sencillas y humildes son más sensibles a las necesidades ajenas, y al amor de Dios. Cuando tenemos todas las necesidades cubiertas, corremos el peligro de encerrarnos en nuestro egoísmo, y hacernos insensibles a la pobreza ajena. Los pobres son, en realidad, los que más valoran lo poco que tienen, y ven el mundo como un regalo de Dios. Una vez un padre de una familia acaudalada llevo a su hijo a un viaje por el campo, con el firme propósito de que este viera cuan pobres eran las gentes del campo; que comprendiera el valor de las cosas y lo afortunados que eran ellos. Estuvieron por espacio de un día y una noche completos en una granja de una familia campesina muy humilde. Al concluir el viaje, y de regreso a casa, el padre le pregunta a su hijo: - ¿Que te pareció el viaje? -¡¡Muy bonito Papá!! -¿Viste que tan pobre y necesitada puede ser la gente? -Sí!!! -¿Y qué aprendiste...? -Vi que nosotros tenemos un perro en casa, ellos tienen cuatro. Nosotros tenemos una piscina de 25 metros, ellos tienen un riachuelo que no tiene fin. Nosotros tenemos unas lámparas importadas en el patio, ellos tienen las estrellas. Nuestro patio llega hasta el borde de la casa, el de ellos tiene todo un horizonte. Especialmente Papá, vi que ellos tienen tiempo para conversar y convivir en familia. Tú y mamá tienen que trabajar todo el tiempo y casi nunca los veo. Al terminar el relato, el padre se quedó mudo... y su hijo agregó: -Gracias, Papá, por enseñarme lo ricos que podríamos llegar a ser !!! El niño había comprendido que para los que tienen poco todo es regalo de Dios, y lo disfrutan con alegría. Por eso la pobre viuda del Evangelio, y la del Antiguo Testamento, sabían apreciar lo poco que tenían, y comprender al que tiene menos que ella. Suele ocurrir que cuanto más se tiene menos se comparte. Un sacerdote comentó esto con la siguiente experiencia: “Antes, esta parte de la ciudad era el suburbio más pobre. Se construía la iglesia lentamente, pero los cepillos en donde se recogía el dinero siempre estaban llenos. Para la gente que en los alrededores estaban construyendo su propia casa, el don que hacían a la iglesia era una oración: Señor, ayúdame también Tú a construir mi casa. Hoy, alrededor, hay grandes superficies comerciales. Los cepillos en la iglesia están casi siempre vacíos. Los grandes propietarios no sienten necesidad de Dios, por eso no le dan nada, salvo en algunas ocasiones, para hacerse publicidad”. Esto es una realidad que se palpa todos los días. Muchas veces el Señor mirará los donativos que se dan para El y para nuestros hermanos los hombres necesitados, y dirá lo mismo: este niño, esta pobre mujer ha dado de su pobreza todo lo que ha podido. Los demás ni siquiera lo que les sobran. Debemos pensar detenidamente como andamos de generosidad. Dime lo que das y te diré como eres. Con todas nuestras ofrendas, materiales y afectivas, con todos nuestros detalles de caridad hacia los demás, con nuestra solidaridad llena de caridad…, como dice el Cardenal Spidlík, se construye lentamente, como pobres pecadores el gran templo del mundo, donde Dios tiene puesta su morada como Señor del universo.
Juan García Inza
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Nuestra Parroquia de Sto. Tomás de Aquino de Murcia (España), ya ha sido erigida en SANTUARIO DE LA DIVINA MISERICORDIA. El primero de España. Puedes encomendarnos tus intenciones a la dirección de correo indicada. Las tendremos presente ante el Cristo de la Divina Misericordia que preside el templo. |