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LA FOTO DEL DOMINGO |
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Domingo 28º del Tiempo Ordinario (Ciclo B)
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No es bueno el apego a las riquezas
El Evangelio de hoy nos hace reflexionar sobre el valor de las cosas materiales, y el uso que hacemos de ellas. Ese joven que se acerca a Jesús con el aparentemente buen deseo de ganar el Reino de los Cielos, se ve totalmente contrariado cuando Jesús le dice que no basta con cumplir los mandamientos, hay que tener el corazón despegado de las cosas materiales, libre para amar la verdad y seguir a Cristo. Cuando el Señor le sugirió lo que debía hacer para ser perfecto, aquel joven dio media vuelta y se marchó. El Señor le dijo que vendiera todo y diera el dinero a los pobres, y después se viniera con El. Pero, dice el Evangelio, que el joven era muy rico. No estaba realmente dispuesto a seguir el consejo de Cristo. Y a Jesús le dio lástima la situación de esta persona, que prefiere sus riquezas antes que a Dios. Y aprovecha la oportunidad el Señor para hablar de lo malo que es estar apegados a las riquezas, que impiden ser solidarios, caritativos, desprendidos, espirituales. El gran problema que hoy tenemos en nuestro mundo es la injusta distribución que hay de los bienes materiales. Las naciones y los pueblos desarrollados se olvidan de los pueblos pobres. Unos nadan en la abundancia, mientras otros mueren de hambre y de miseria. La fiebre del consumo tiene atrapado a occidente hasta el punto de no tener más valores que el dinero, más dios que el dinero, más ilusión que ser rico y pronto. Y mientras unos disfrutan, o se hartan de cosas, otros no llegan a vivir con la misma dignidad y derechos que nosotros. No nos extrañe que vengan esas oleadas de inmigrantes que se juegan la vida por disfrutar un poco de lo que nos sobra a nosotros. El Papa Benedicto XVI condenaba en una audiencia el apego a las riquezas injustas. Advirtió que "no es admisible el apego a cosas incompatibles con la secuela de Jesús, como el caso de las riquezas deshonestas". En la audiencia, que se llevo a cabo en el aula Paulo VI del Vaticano, el Pontífice invitó a los fieles a reflexionar sobre la figura de San Mateo evangelista, capaz -recordó- de separarse de los bienes materiales. "El apóstol Mateo, autor del primer Evangelio y uno de los doce elegidos por Jesús, es conocido como "el publicano" porque era cobrador de los impuestos", dijo. "La primera reflexión que suscita este hecho -añadió- es que el Señor acoge en su grupo a aquellos que, según la opinión de entonces, eran considerados como pecadores públicos. Cristo, en cambio, no excluye a ninguno de su amistad". Señaló que "el anuncio de la Buena Nueva consiste precisamente en esto: ofrecer la gracia de Dios al pecador".
"En la figura de Mateo se hace visible la paradoja de que, el que aparentemente está más lejano de la santidad, puede convertirse en un modelo de acogida de la misericordia de Dios", agregó. Benedicto XVI recordó que "la respuesta inmediata de Mateo a la llamada de Jesús significaba para él abandonar todo, incluso lo que le suponía una ganancia de dinero seguro, aunque con frecuencia injusto". De acuerdo con Benedicto XVI, el Apóstol entendió así que el seguimiento de Jesús es incompatible con una actividad que desagrada a Dios, como es el caso de las riquezas injustas. Precisamente en el Evangelio de San Mateo se recoge aquella Bienaventuranza que dice: Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. El Señor llama dichosos a todos aquellos que saben valorar las cosas justamente, y le dan la prioridad al espíritu, haciendo el bien con lo que poseen.
Queremos entrar en Reino de Dios, ya aquí, pero sin que nos cueste nada. Para aquellos que no están dispuestos a dejar lo que haya que dejar le va a ser imposible si no ponen remedio a su actitud. Vale la pena ser cristianos de verdad, teniendo una escala de valores en donde el peldaño más alto lo ocupe Dios.
Juan García Inza
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