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Domingo 20º del Tiempo Ordinario

(Ciclo B)

 

 

 

La Eucaristía, Sacramento para los tiempos difíciles



   La Eucaristía es el sacramento en el cual bajo las especies de pan y vino, Jesucristo se halla verdadera, real y sustancialmente presente, con su Cuerpo, su Sangre, su Alma y su Divinidad.

  Es, por eso, el más sublime de los sacramentos, de donde manan y hacia el convergen todos los demás, centro de la vida litúrgica, expresión y alimento de la comunión cristiana.

   Antes de la llegada a la tierra de Nuestro Señor Jesucristo, la Eucaristía que habría de venir fue prefigurada de diversos modos en el Antiguo Testamento. Fueron figuras de este sacramento:

--El maná con el que Dios alimentó a los israelitas durante cuarenta años en el desierto (Éxodo 16), y al que Jesús se refiere explícitamente en el discurso eucarístico de Cafarnaúm (Juan 6,31ss).

--El sacrificio de Melquisedec, gran sacerdote, que ofreció pan y vino para dar gracias por la victoria de Abraham (Génesis 14,18); gesto que luego será recordado por San Pablo para hablar de Jesucristo como de "sacerdote eterno..., según el orden de Melquisedec" (Hebreos 7,11).

--Los panes de la proposición, que estaban de continuo expuestos en el Templo de Dios, pudiéndose alimentar con ellos sólo quienes fueran puros (Éxodo 25,30).

--El sacrificio de Abraham, que ofreció a su Hijo Isaac por ser ésa la voluntad de Dios (Génesis 22,10).

--El sacrificio del cordero pascual, cuya sangre libró de la muerte a los israelitas (Éxodo 12).

   La Eucaristía fue también preanunciada varias veces en el Antiguo Testamento:

--Salomón en el libro de los Proverbios: "La Sabiduría se edificó una casa con siete columnas (los siete sacramentos), preparó una mesa y envió a sus criados a decir: "Venid, comed el pan y bebed el vino que os he preparado" (Proverbios 9,1).

--El profeta Zacarías predijo la fundación de la Iglesia como una abundancia de bienes espirituales, y habló del "trigo de los elegidos y del vino que hace germinar la pureza" (Zacarías 9,17).

--El profeta Malaquías, hablando de las impurezas de los sacrificios de la ley antigua, puso en boca de Dios este anuncio del sacrificio de la nueva ley: "Desde donde sale el sol hasta el ocaso, grande es mi nombre entre las gentes, y en todo lugar se sacrifica y ofrece a mi nombre una oblación pura" (Malaquías 1,10ss).


   La verdad de la Presencia real, corporal y substancial de Jesús en la Eucaristía, fue profetizada por el mismo Señor antes de instituirla, durante el discurso que pronunció en la Sinagoga de Cafarnaúm, al día siguiente de haber hecho el milagro de la multiplicación de los panes y de los peces:

   "En verdad, en verdad os digo, Moisés nos os dió el pan del cielo; es mi Padre quien os dará el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es Aquel que desciende del cielo y da la vida al mundo. Le dijeron: "Señor, danos siempre este pan". Les respondió Jesús: Yo soy el pan de vida...Si uno come de este pan vivirá para siempre, pues el pan que yo daré es mi carne, para la vida del mundo" (Juan 6,32-34, 51).

   Santo Tomás de Aquino señala la preeminencia de la Eucaristía sobre todos los demás sacramentos:

--Por su contenido: en la Eucaristía no hay, como en todos los demás, una virtud  otorgada por Cristo para darnos la gracia, sino que es Cristo mismo quien se halla presente; Cristo, fuente de todas las gracias.

--Por la subordinación de los otros seis sacramentos a la Eucaristía, como a su último fin: todos tienden a disponer más convenientemente al alma a la recepción de la Eucaristía.

--Por el rito de los otros sacramentos, que la mayor parte de las veces se completan con la Eucaristía.

   LA EUCARISTÍA, SACRAMENTO DE LA NUEVA LEY

   Que la Eucaristía es verdadero y propio sacramento constituye una verdad de fe declarada por el Magisterio de la Iglesia. Se deduce del hecho de que en ella se cumplen las notas esenciales de los sacramentos de la Nueva Ley:

a) El signo externo, que son los accidentes de pan y vino (materia) y las palabras de la consagración (forma).

b) Para conferir la gracia, como afirma el mismo Cristo: "El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna" (Juan 6,54), o sea, la gracia, que es la incoación de la vida eterna.

c) Instituido por Cristo en la Última Cena, como consta repetidamente en la Escritura: "Mientras comían, Jesús tomó pan, lo bendijo, lo partió y, dándoselo a los discípulos, dijo: Tomad y comed, esto es mi cuerpo. Y tomando el cáliz y dando gracias, se los dio, diciendo: Bebed de él todos, que ésta es mi sangre del Nuevo Testamento, que será derramada por muchos para remisión de los pecados" (Mateo 26,26-28). Este pasaje lo recogen también San Marcos (14,22-25), San Lucas (22,19-20) y San Pablo (1 Cor 11,23-26).

LOS EFECTOS DE LA RECEPCION EUCARISTICA:

   Los efectos que la recepción de la Eucaristía produce en el alma, son los siguientes:

A) Aumento de la gracia santificante.

   La Sagrada Eucaristía es capaz de producir por sí misma un aumento de gracia santificante mayor que cualquier otro sacramento, por contener al mismo Autor de la gracia. Por eso se puede decir que, al ser la gracia unión con Cristo, el fruto principal de la Eucaristía es la unión íntima que se establece entre quien recibe el sacramento y Cristo mismo.

   Tan profunda es esta mutua presencia de Cristo en el alma y de ésta en Aquél, que puede hablarse de una verdadera transformación del alma en Cristo.

B) Gracia sacramental específica.

   La gracia sacramental específica de la Eucaristía es la llamada gracia nutritiva, porque se nos da a manera de alimento divino que conforta y vigoriza en el alma la vida sobrenatural.

C) Perdón de los pecados veniales.

   También se perdonan los pecados veniales, alejando del alma la debilidad espiritual. Los pecados veniales, en efecto, constituyen una enfermedad del alma que se encuentra débil para resistir al pecado mortal.

D) Prenda de vida eterna.

   De acuerdo a las palabras de Cristo en Cafarnaúm, la Eucaristía constituye un adelanto de la bienaventuranza celestial y de la futura resurrección del cuerpo: "El que come mi carne y bebe mi sangre tiene la vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día" (Juan 6,54).

NECESIDAD DE LA EUCARISTIA

   Hemos dicho que el único sacramento absolutamente indispensable para salvarse es el Bautismo: si un niño recién bautizado muere, se salva, aunque no haya comulgado. Sin embargo, para un bautizado que ha llegado al uso de razón, la Eucaristía resulta también requisito indispensable, según las palabras de Jesucristo: "Si no coméis la Carne del Hijo del hombre y no bebéis su Sangre, no tendréis vida en vosotros" (Juan 6,53).

   En correspondencia con ese precepto divino, la Iglesia ordena en su tercer mandamiento, que al menos una vez al año y por Pascua de Resurrección, todo cristiano con uso de razón debe recibir la Eucaristía. También hay obligación de comulgar cuando se está en peligro de muerte: en este caso la comunión se recibe a modo de Viático, que significa preparación para el viaje de la vida eterna.

   Esto, sin embargo, es lo mínimo, y el precepto ha de ser entendido: la Iglesia desea que se reciba al Señor con frecuencia, incluso diariamente.

 

La Eucaristía es el Sacramento para todos los días, pero muy especialmente para los momentos difíciles, en los que necesitamos una ayuda fuerte de Dios.

 

                                                        Juan García Inza

                                                        juangainza@ono.com

 

 

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