LA FOTO DEL DOMINGO

 

Domingo III de Pascua
 
Ciclo C

 

 

 

Obedecer a Dios

    Sucedió que, estando Jesús junto al lago de Genesaret, la multitud se agolpaba a su alrededor para oír la palabra de Dios. Y vio dos barcas que estaban a la orilla del lago; los pescadores habían bajado de ellas y estaban lavando las redes. Entonces, subiendo en una de las barcas, que era de Simón, le rogó que la apartase un poco de tierra. Y sentado enseñaba desde la barca a la multitud.  Cuando terminó de hablar, dijo a Simón:

    - Guía mar adentro, y echad vuestras redes para la pesca.  Simón le contestó:

- Hemos pasado toda la noche sin pescar nada; pero, ya que tú lo dices, echaré la red.

    Al momento la red se puso tensa y se rompía por la abundancia de peces. Hicieron señas a sus socios que estaban  en la otra barca, para que vinieran a ayudarles. Estos socios eran el joven Juan y su hermano Santiago. Las dos barcas se llenaron tanto que casi les entraba agua por la borda.

    Simón se echó a los pies de Jesús y le dijo:

- Apártate de mí, Señor, que soy un pecador.

- No temas. Desde ahora serás pescador de almas.

    Cuando llegaron a tierra Jesús pidió a Simón y a Andrés que le siguieran. Lo mismo dijo a Santiago y a Juan. Ellos, dejando todo,  se fueron con Él.       

 Pedro obedece y Jesús obra un milagro.

       Pedro mostró su humildad al obedecer a quien, por no ser hombre de mar, bien se podría pensar que poco o nada sabía de aquel trabajo en el que, día tras día, él, Simón, había conseguido tanta experiencia y un gran saber. Sin embargo, se fía del Señor, tiene más confianza en la palabra de Jesús que en sus años de brega. Esto nos indica también que el Señor ya lo había ganado para Sí, que ya poco faltaba para que lo dejara todo por Él.
    Esta obediencia, esta confianza en las palabras de Jesús fue la última preparación de Pedro para recibir su llamamiento definitivo. Parece como si el Señor hubiera dispuesto su llamada después de un acto de obediencia y de confianza plena.
    La necesidad de la obediencia para quien quiere se discípulo de Cristo -por encima de toda razón de conveniencia, de eficacia- está en que forma parte del misterio de la Redención, pues Cristo mismo "reveló su misterio y realizó la redención con su obediencia". Por eso, el que quiera seguir los pasos del Maestro no puede limitar su obediencia;  Él nos enseñó a obedecer en lo fácil y en lo heroico, "pues obedeció en cosas gravísimas y dificilísimas: hasta la muerte de Cruz".

        (Fernández Carvajal, Francisco. Hablar con Dios. Tomo IV. Página 708 y 709. Ediciones Palabra.)

        En la Primera Lectura hemos observado la reacción de Pedro cuando le prohíben hablar de Cristo: Hemos de obedecer a Dios antes que a los hombres. Esta ha de ser siempre nuestra actitud en una sociedad que parece molestarse cuando se habla de Dios, y muchos intentan, al menos, querer recluir estos temas fundamentales al ámbito de lo privado. No podemos permitir que nada ni nadie le quite el puesto a Dios. Respetamos las creencias de todos, pero tenemos el derecho y el deber de hablar de Dios sin fanatismo, pero con valentía y convencimiento. Nadie dice nada si se habla de fútbol, o de política, o de sexo…, y parece que hay que pedir permiso para hablar de Dios. Aunque parezca que en el mar de la sociedad no hay pesca, debemos lanzar las redes en el nombre del Señor. Nos asombraremos al ver la gran cantidad de peces que se enganchan en las redes de la Verdad cuando esta se ofrece humilde y claramente. Pedro se ganó la confianza de Cristo por su valentía y obediencia. Y cuando le pregunta si le amaba, el responde con pasión: Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te amo. Y así nació el Primado que hoy sigue dirigiendo la Iglesia por los caminos de Dios.

        Seguimos en este alegre tiempo de Pascua. Gozamos de la presencia de Cristo resucitado que nos espera cada día en la orilla del mar de nuestra tarea diaria para animarnos y alimentarnos.

 

                                             Juan García Inza

                                            juangainza@ono.com  

 

 

 

  

Nuestra Parroquia de Sto. Tomás de Aquino de Murcia (España), ya ha sido erigida en SANTUARIO DE LA DIVINA MISERICORDIA. El primero de España. Puedes encomendarnos tus intenciones a la dirección de correo indicada. Las tendremos presente ante el Cristo de la Divina Misericordia que preside el templo.