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Paz a
vosotros
Este domingo es la fiesta de
la PAZ, la
fiesta de
la Divina
Misericordia. Es para todos nosotros el gran motivo para
estar alegres. El Señor es bueno, el Señor es misericordioso, el Señor
perdona. Es verdad que somos pecadores, que hay mucho mal en el mundo, que
somos bastante infieles a Dios y a los demás, pero esta realidad no es
motivo para entristecernos. El Señor nos sigue dando oportunidades, no ha
cerrado la puerta del perdón.
Cuando se aparece el Señor a sus discípulos les dice PAZ A VOSOTROS. E
inmediatamente los convierte en mensajeros de paz, dándoles el poder para
ello: A QUIENES VOSOTROS PERDONEIS YO PERDONO. Debemos darle muchas
gracias a Dios porque nos ha dejado
la Religión
del perdón y de la paz. El ha venido a buscar a los enfermos, a los que
necesitan su ayuda, su gracia. Y entre ellos estamos nosotros. El que se
considere bueno se margina el mismo del plan de salvación. Pero el que se
considere pecador que no se desanime: lo busca el Señor para decirle “YO
TAMPOCO TE CONDENO. VETE Y EN ADELANTE NO PEQUES MAS”. Jesucristo dijo de
María Magdalena que se le había perdonado mucho porque amaba mucho. Y esto
es lo que quiere ver el Señor en nosotros: NUESTRO AMOR SINCERO,
MANIFESTADO EN EL ARREPENTIMIENTO Y EN EL DESEO DE SER MEJOR.
Encomendó Jesucristo a Santa Faustina comunicar al mundo algo que ya
estaba en el Evangelio y que se había predicado muchas veces, pero que se
había olvidado: QUE DIOS ES MISERICORDIOSO. Le mandó a esta santa
religiosa polaca escribir en un diario todo lo que El le iba revelando. Y
en ese voluminoso libro se repite una y mil veces que Dios es todo Amor.
Que de su costado herido salió el agua de la regeneración bautismal y la
sangre de su sacrificio por todo el mundo. Nos pide el Señor que hagamos
actos de arrepentimiento y acudamos al Sacramento de
la Penitencia.
Los sacerdotes tenemos dos grandes misiones: CELEBRAR
LA EUCARISTIA
Y PERDONAR PECADOS. Hay que darle gracias a Dios por el
don del sacerdocio. Y saber apreciar y utilizar el ministerio del
sacerdote para nuestro bien. COMO EL PADRE ME HA ENVIADO ASÍ OS ENVIO YO.
¿A qué nos envía? A reconciliar a la humanidad con Dios y consigo misma.
El Papa Juan Pablo II hizo suyo el deseo del Señor y propagó por el mundo
la devoción a
la Misericordia
Divina. El fue quien estableció que este domingo se
dedicara a celebrar el amor misericordioso de Dios. Y el moriría,
precisamente, cuando ya se estaba celebrando en todo el mundo, hace dos
años,
la Fiesta
de
la Divina
Misericordia en la víspera del segundo domingo de Pascua.
Sus últimas palabras fueron: JESUS, EN TI CONFIO.
No es esta una fiesta más, es la gran fiesta de Dios y del Cielo. Dice el
Señor que hay mas alegría en el cielo por un pecador que se arrepiente que
por noventa y nueve justos que no lo necesitan. Cada vez que pedimos
perdón y recibimos la absolución, hay fiesta en el cielo.
Leí hace poco una historia verdadera que cuenta que estaba una madre, en
un día ya próximo a
la Navidad,
preparando el árbol y el Nacimiento mientras su esposo y su hijo de cinco
años se habían acercado a la ciudad a comprar adornos y figuritas de
belén. Cuando se sienta a descansar escucha en la televisión la llamada
angustiosa de una madre que pedía urgentemente un corazón para su hijo que
se moría. Ella también se sintió conmovida ante la solicitud insistente de
la madre, y decía: -¡quien tuviera un corazón para darle vida a su hijo…!
De pronto suena el teléfono. Un hermano suyo le dice que se prepare que
hay que salir urgentemente para la ciudad. Ella se temió lo peor. Y
resultó que el esposo y el hijo habían sufrido un grave accidente. Ella se
moría de dolor. Cuando llegó al hospital pregunto al medico: -Doctor,
¿cómo está mi hijo?- El Doctor le dice: -Su marido está vivo, pero a su
pequeño lo han traído muerto. – Ella se derrumbó. Pero estando postrada en
un sillón, sacó fuerzas de la flaqueza y le dijo al Doctor: -¿Y el corazón
de mi hijo, como está?- ¿Por qué lo pregunta?- dijo el médico. Ella
contestó: -Pero, ¿vale para otro? – El médico le contesta: -¿Cómo piensa
usted en esto si está muerta de dolor? – Ella contestó con energía:
-Quiero que lo lleven inmediatamente a tal hospital en donde un niño lo
necesita para no morir. Es el mejor regalo de Navidad que le puedo hacer,
ya que no se lo haré a mi hijo. – Llevaron urgentemente el corazón, y
gracias al trasplante ese día no murieron dos niños. Esto es misericordia.
Exactamente lo que Dios Padre hizo con nosotros: Nos trasplantó el corazón
de su Hijo, el Corazón de Jesús. Y por eso le podemos decir con toda paz:
JESUS, CONFIO EN TI.
Juan García Inza
juangainza@ono.com
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