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Frutos de conversión
CONVERSION (Etim. Del Latín
clásico converto, conversio, cambiar).
Conversión es la vuelta
al Padre del que se había alejado por el pecado. También se aplica a los
que descubren y entran en
la Iglesia
Católica.
La conversión es cambio de vida, fruto de un encuentro con
Jesucristo que nos lleva a ver la vida centrada en El y ordenada en la
moral. La conversión es una gracia de Dios otorgada por los méritos de la
redención de Cristo que murió en la cruz para reconciliarnos con el Padre.
La conversión es esencial para ser discípulos de Cristo y salvarnos.
Ya que todos somos pecadores, todos necesitamos continua
conversión.
No lo dejes para mañana...
San Agustín retaba a los
paganos que retrasaban su conversión con semejantes palabras: ‘Si ya lo
has pensado, si ya lo tienes decidido, ¿a qué esperar? Hoy es el día,
ahora mismo; no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy’. Dejarlo para
luego es exponerse a dar marcha atrás; no todos los días estás decidido,
no a toda hora estás preparado para este paso’.
Pero no daban el paso, por temor a un cambio demasiado brusco;
y, al verlos indecisos y afirmando que lo harían cualquier día, arremetía
con una lógica aplastante: ‘Si ahora no te animas, ¿por qué dices y crees
que lo harás algún día? No estés tan seguro, te costará más que hoy;
quizás no tengas ya deseos del cambio; las fuerzas contrarias volverán a
la carga’. ¿Por qué dices que alguna vez lo harás?, ¿tendrás oportunidad?,
¿seguirás con vida mañana?, ¿te dará Dios la gracia de la conversión? Teme
a Cristo que pasa y no vuelve.
Al demonio le encanta ilusionar a la gente y engañarla con la
conversión de mañana; a Dios le gustan las cosas hoy y ahora: Hoy es el
día de la conversión. “Hoy, si escucháis su voz, no endurezcáis el
corazón”.
Por qué me convertí al catolicismo. Gilberto K. Chésterton,
famoso escritor inglés:
¡Una catedral! A ella se parece todo el edificio de mi fe; de
esta fe mía que es demasiado grande para una descripción detallada; y de
la que, sólo con gran esfuerzo, puedo determinar las edades de sus
distintas piedras...
Recuerdo especialmente ahora estos dos casos: unos autores
serios lanzaban graves acusaciones contra el catolicismo, y, cosa curiosa,
lo que ellos condenaban me pareció algo precioso y deseable.
La experiencia de los siglos.
Sólo
la Iglesia
Católica puede salvar al hombre ante la destructora y
humillante esclavitud de ser hijo de su tiempo… Y los católicos, muy al
contrario de todos los otros hombres, tienen una experiencia de diecinueve
siglos. Una persona que se convierte al catolicismo, llega, pues, a tener
de repente dos mil años.
Hace ya mucho, sin embargo, que
la Iglesia
Católica probó no ser ella una invención de su tiempo: es
la obra de su Creador, y sigue siendo capaz de vivir lo mismo en su vejez
que en su primera juventud: y sus enemigos, en lo más profundo de sus
almas, han perdido ya la esperanza de verla morir algún día.
Estamos en tiempos importantes, donde merece la pena
dar un SI a Cristo y a
la Iglesia.
Precisamente porque en muchos ambientes no está bien
visto. Pero es que lo que no está bien visto es el bien, la honradez, el
sentido común, la fidelidad a la verdad, la valentía de dar la cara por
Dios. Es urgente que los cristianos demos frutos. Si no lo hacemos estamos
perdiendo el tiempo. Nuestra responsabilidad es grande.
San Pablo nos
ha dicho: EL QUE SE CREE SEGURO, ¡CUIDADO!, NO CAIGA.
Hoy el Señor se
acerca a ti, como lo hizo con aquella higuera. ¿Encuentra fruto? ¿Todo el
fruto que El desea encontrar? Saca las consecuencias.
Juan García Inza
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