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LA FOTO DEL DOMINGO |
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Domingo Primero de Cuaresma (Ciclo C)
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No solo de pan vive el hombre
La Cuaresma es el tiempo litúrgico de conversión, que marca la Iglesia para prepararnos a la gran fiesta de la Pascua. Es tiempo para arrepentirnos de nuestros pecados y de cambiar algo de nosotros para ser mejores y poder vivir más cerca de Cristo. La Cuaresma dura 40 días; comienza el Miércoles de Ceniza y termina el Domingo de Ramos, día que se inicia la Semana Santa. A lo largo de este tiempo, sobre todo en la liturgia del domingo, hacemos un esfuerzo por recuperar el ritmo y estilo de verdaderos creyentes que debemos vivir como hijos de Dios. El color litúrgico de este tiempo es el morado que significa luto y penitencia. Es un tiempo de reflexión, de penitencia, de conversión espiritual; tiempo de preparación al misterio pascual. La duración de la Cuaresma está basada en el símbolo del número cuarenta en la Biblia. En ésta, se habla de los cuarenta días del diluvio, de los cuarenta años de la marcha del pueblo judío por el desierto, de los cuarenta días de Moisés y de Elías en la montaña, de los cuarenta días que pasó Jesús en el desierto antes de comenzar su vida pública, de los 400 años que duró la estancia de los judíos en Egipto. En la Biblia, el número cuatro simboliza el universo material, seguido de ceros significa el tiempo de nuestra vida en la tierra, seguido de pruebas y dificultades. La práctica de la Cuaresma data desde el siglo IV, cuando se da la tendencia a constituirla en tiempo de penitencia y de renovación para toda la Iglesia, con la práctica del ayuno y de la abstinencia. Conservada con bastante rigor, al menos en un principio, en las iglesias de oriente, la práctica penitencial de la Cuaresma ha sido cada vez más aligerada en occidente, pero debe observarse un espíritu penitencial y de conversión. El Papa Benedicto XVI nos dirige un excelente mensaje para este tiempo, que es como una continuación, o aplicación, de su Carta Encíclica “Deus caritas est”. Dios es amor. Un amor eros y agapé, amor ascendente y descendente. Un amor oblación, entrega, y un amor que espera respuesta. Nos dice el Papa: "“Mirarán al que traspasaron” (Jn 19, 37). Éste es el tema bíblico que guía este año nuestra reflexión cuaresmal. La Cuaresma es un tiempo propicio para aprender a permanecer con María y Juan, el discípulo predilecto, junto a Aquel que en la Cruz consuma el sacrificio de su vida para toda la humanidad (cf. Jn 19, 25). Por tanto, con una atención más viva, dirijamos nuestra mirada, en este tiempo de penitencia y oración, a Cristo crucificado que, muriendo en el Calvario, nos ha revelado plenamente el amor de Dios. En la Encíclica Deus caritas est he tratado con detenimiento el tema del amor, destacando sus dos formas fundamentales: el agapé y el eros.". El Evangelio nos previene de las tres tentaciones tipo que nos pueden asaltar, como el demonio se atrevió a hacer con Cristo: Tentación de hedonismo, bienestar, placer, huida del sacrificio…Pero “No solo de pan vive el hombre”. Tentación de ambición de poder, de grandezas, de espectáculo, de gloria humana, de opulencia…Acosta de adorar el mal y a quien los promueve…Pero “solo a Dios adorarás y darás culto”. Tentación de convertir la religión en un espectáculo, buscar lo que llama la atención, la admiración de la gente, lo maravilloso, lo milagroso…Pero, “no tentarás al Señor tu Dios”. El camino del cristiano es la sencillez de la entrega silenciosa, como el grano de trigo que cae en tierra y muere. No podemos pretender que haya fruto si antes no ha habido cruz. La Resurrección viene después de la muerte. “El que da la vida por mí, la encontrará”.”El que quiera guardar su vida, la perderá”. “¿De que le sirve a un hombre tener todos los bienes del mundo si pierde su alma?”. Recuerda lo que dice San Pablo en la segunda Lectura: “La Palabra está muy cerca de ti, la tienes en los labios y en el corazón…Si tus labios profesan que Jesús es el Señor, y tu corazón cree que Dios los resucitó de entre los muertos, te salvarás”. Comenzamos un tiempo de gracia y conversión. Con la gracia de Dios podemos lograr la conversión, que consiste en encontrar el arte de vivir que Cristo nos ofrece, para alcanzar esa paz y esa felicidad que el mundo no nos puede dar. Convertíos y creed en el Evangelio.
Juan García Inza
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